Nosotros
Una casa con nombre de mujer
Casa Oliva lleva el nombre de Oliva Arango, que sembró el primer cafetal de la finca en 1938. Tres generaciones después, sus nietas la abrieron para recibir huéspedes.

Historia
Ochenta años en la misma ladera
La casa vio pasar cosechas, bonanzas y crisis del café. Cuando la finca dejó de dar para vivir, la familia decidió que la casa siguiera dando de otra manera.
Historia escrita para este concepto de diseño: la familia y el hotel son ficticios.
1938
El primer cafetal
Oliva Arango compra la finca en la vereda Palestina y siembra el primer cafetal en la ladera que hoy miran las suites.
1962
La casa grande
Su hijo Ramón levanta la casa de bahareque con corredores de chanul, donde la familia recibe cada cosecha durante cuarenta años.
2016
La restauración
Las nietas de Oliva deciden salvar la casa. Tres años de obra con maestros de la región, sin cambiar un solo muro de lugar.
2019
Abrimos la puerta
Casa Oliva recibe a sus primeros huéspedes con 14 habitaciones, el comedor El Fogón y el spa junto a la quebrada.
Filosofía
Filosofía
“Un buen refugio no te entretiene: te devuelve el tiempo. Aquí el lujo es despertar sin alarma y que el café ya esté listo.”
Isabel y Juana Arango, nietas de Oliva
Lo que nos importa
Cómo cuidamos la casa y a quien llega
Lo de aquí, primero
El café es de la finca, las frutas de los vecinos y las truchas de Salento. Si algo se puede conseguir en la vereda, no lo traemos de lejos.
Gente de la vereda
Casi todo el equipo creció a menos de diez kilómetros. Los guías, los cocineros y los jardineros conocen esta tierra mejor que nadie.
Pocas habitaciones, mucho espacio
Con 14 habitaciones nunca hay filas ni ruido. Preferimos que cada huésped tenga su rincón del jardín.
Tiempo sin prisa
No hay horarios para el café ni televisor en las habitaciones. Hay hamacas, libros y una montaña enfrente.


Arquitectura
Restaurada con las manos de la región
Trabajamos con maestros de obra del Quindío que aún conocen las técnicas con que se levantaron las casas cafeteras. Lo nuevo se nota a propósito; lo viejo se dejó como estaba.
- Bahareque
- Paredes de guadua y esterilla rellenas de tierra y cagajón, que respiran y guardan el fresco de la tarde.
- Guadua
- El "acero vegetal" del Quindío sostiene los corredores y la nueva pérgola del comedor.
- Tapia pisada
- Los muros de la bodega antigua, de tierra apisonada capa por capa, hoy guardan la cava de El Fogón.
- Madera de chanul
- Pisos y barandas originales de 1962, lijados y aceitados a mano durante la restauración.
Ven a conocer la casa
Cuéntanos tus fechas y te preparamos la habitación que mejor te quede.